sábado, 26 de noviembre de 2016

Crítica: ENTRE DOS PUERTAS

Nada nuevo en la sala de espera

Acaso uno de los tópicos más recurrentes en el teatro sea la exploración de lo que sucede más allá de la muerte. Uno de los textos más interesantes que abordaron este tema fue sin duda A puerta cerrada (Jean-Paul Sartre, 1944), un brillante drama de solo tres personas, cobardes y culpables, encerradas en una habitación después de morir, mientras una de ellos musita: “El infierno son los otros". Otras puestas en escena de estreno reciente mostraron características dramáticas similares, cada una con diferentes propuestas y resultados: en la excelente Un verso pasajero (Gonzalo Rodríguez Risco, 1996) y en la saturada Japón (Víctor Falcón, 2014), sus respectivas familias disfuncionales protagonistas, afectadas por el estado de coma de uno de sus miembros, se derrumban psicológicamente, revelando secretos y frustraciones; en la predecible El pórtico del cielo (Román Sarmentero, 2013) y en la surrealista y discreta Me toca ser el nene esta noche (Cristian Lévano, 2015), diversos personajes se encuentran en una especie de limbo celestial: algunos eternamente y otros, solo de pasada; y este año, la antológica Luz oscura (Gonzalo Rodríguez Risco y Julia Thays, 2015) también nos mostró a una antigua estrella de televisión debatiéndose entre la vida y la muerte en el hospital luego de un accidente.

Pues bien, siguiendo la misma temática, llegó al escenario de Asociación Cultural Campo Abierto de Miraflores la pieza Entre dos puertas de Anahís Beltrán, ganadora de Sala de Parto 2014 con el título Segunda oportunidad y curiosamente dirigida por Manuel Trujillo, el mismo de El pórtico del cielo. La trama de Entre dos puertas involucra a cuatro mujeres y dos hombres de diferentes edades y condiciones, que aparecen en una misteriosa sala de espera acondicionada con unas cuentas sillas y con dos puertas a cada extremo: una de ellas lleva a la eternidad y la otra, al mundo real. Como era de esperarse, cada personaje encierra varios secretos que poco a poco van revelando, incomodando al resto hasta encontrar su destino final, pero nunca generando aquel "infierno" entre ellos. El joven pero experimentado Trujillo busca mantener la tensión en escena, utilizando los pocos recursos con los que cuenta el espacio, a pesar de lo previsible que puede resultar el texto que trabaja.

A pesar de ser una producción de Sala de Parto, el diseño artístico luce demasiado sencillo, como por ejemplo, aquella tela algo transparente al fondo que no consigue darle la blancura total que debería tener el espacio. Por otro lado, el buen elenco de actores (que incluye a la veterana Delfina Paredes, la joven Brigitte Jouanette y los competentes Natalia Torres, Antonio Aguinaga, Michella Chale y Juan José Espinoza) saca adelante sus respectivos personajes lo mejor que puede, a pesar de notarse un irregular desarrollo dramático en algunos, especialmente en el de Chale. Entre dos puertas de Anahís Beltrán, a pesar de deparar alguna que otra sorpresa en su texto, no ofrece nada particularmente nuevo que logre mantener el interés de un tema visto hasta la saciedad y que puede parecer hasta trillado.

Sergio Velarde
26 de noviembre de 2016